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Autoestima y Mediación

Autoestima y Mediación

Actualmente, vivimos en un mundo convulsionado por los conflictos y por la desesperanza. Hoy en día las personas sufrimos una desmotivación generalizada. Y es que, en nuestro día a día, hay momentos en los que nos sentimos desorientados y que no sabemos cómo afrontar o con quien hablar. El miedo, la inseguridad y la incomprensión ante determinadas situaciones generan en nosotros presiones y frustraciones, que influyen negativamente en nuestra vida personal y profesional, así como en nuestra capacidad para gestionar nuestras emociones al relacionarnos con los demás. No siempre somos capaces de adoptar una actitud coherente y positiva frente a los reproches y las críticas. En ocasiones, la incertidumbre y ansiedad de no saber si estamos o no haciendo lo correcto generan en nosotros una serie de emociones que no siempre resultan fáciles de olvidar, y cuya superación supone un desafío en muchos sentidos. Ser capaces de gestionar nuestros sentimientos requiere de nosotros un esfuerzo por mantener una actitud positiva, que nos permita afrontar situaciones adversas, que aumente nuestras posibilidades, y con ello, nuestra autoestima.

La autoestima no es sino una “actitud”, una valoración interior de nosotros mismos que está basada, principalmente, en las sensaciones y las experiencias que vivimos a lo largo de la vida. Desde que somos niños y durante la adolescencia, adquirimos una serie de valores y principios que nos permiten tratar de superar la dependencia familiar y avanzar con plena autonomía hacía el futuro. Muy pocos recibimos una educación enfocada al bienestar emocional, sino enfocada a esa necesidad de ser especiales en algo, o para alguien, lo que conlleva, inevitablemente, que construyamos una idea de nosotros mismos en positivo o en negativo, a sentirnos ‘mejores’ o ‘peores’ en lo que hacemos o en nuestras relaciones. Buscamos la aprobación externa para sentirnos bien con nosotros mismos y no conseguirla aboca que sintamos que hemos fracasado.

La baja autoestima puede llegar a influir en nosotros, alimentando una visión pesimista y distorsionada de la realidad. Un exceso de timidez, de agresividad, o incluso, de asertividad nos pueden sumergir habitualmente en una espiral de frustración y de frases como: “No puedo hacer nada”, “No esperes demasiado”, o “No soy suficientemente bueno”. Es importante que aprendamos a desarrollar la inteligencia emocional, y la confianza en que podemos y debemos superar las adversidades que se presenten ante nosotros, ya sean esperadas o inesperadas. Resulta fundamental que nos aceptemos a nosotros mismos, que admitamos nuestros errores y defectos desde una perspectiva positiva, y que nos felicitemos por el trabajo bien hecho. Además de elevar nuestra autoestima, esto aumentará nuestra capacidad para afrontar y solucionar, de manera responsable, casi cualquier problema y/o conflicto que tengamos, bien con nosotros mismos, bien con los demás.

En mediación, existen una serie de herramientas o mecanismos que el mediador conoce y emplea en su labor como facilitador de la comunicación entre las partes. Entre otras técnicas, se encuentra el diálogo apreciativo, que consiste en fijar la atención en lo que se ha hecho bien y sacar partido de ello. Dado que la visión que tengamos de nosotros mismos influye en nuestra manera de actuar y comportarnos, trabajar el diálogo apreciativo ayudará a resaltar los logros, las virtudes, los potenciales inexplorados, las innovaciones, las fortalezas, los pensamientos elevados, las oportunidades, etc. Con su aplicación, el mediador podrá ayudar a que las partes sean conscientes de sus limitaciones, que las mismas vienen dadas por su incapacidad para ver más allá, y que sentimientos como el rencor, la ira, y el resentimiento no les ayudarán a resolver sus diferencias, sino que les sumergirán todavía más en ellas y alimentarán su malestar interior. Con esto, el mediador facilitará que las partes adopten una actitud distinta, que refuerce lo positivo de sus vivencias, sean más realistas con su situación, y que tengan la capacidad suficiente para mirar hacia el futuro.

Otra técnica es la denominada Programación Neurolingüística (PNL), que hace referencia a la conducta humana y la comunicación a partir de la observación de las conductas  y destrezas de las personas, y de la forma en que la mente (neuro) interactúa con el lenguaje (lingüística) y el cuerpo[1]. Cada persona tiene una perspectiva diferente de las cosas, ya sea por sus vivencias, creencias, o por haber atravesado situaciones vienen condicionadas por el entorno. En el ámbito familiar, las conocidas como “constelaciones familiares” ofrecen una perspectiva diferente de esa vinculación inconsciente que tenemos de las relaciones y los sentimientos, para poder así encontrar un equilibrio y bienestar emocional que permitan aprovechar y disfrutar la vida, y al mismo tiempo romper aquellos círculos viciosos generacionales que definen los sistemas familiares y sus miembros.

En un mismo orden de ideas, otra herramienta que puede emplear el mediador cuando perciba que una o ambas partes en conflicto sufren algún tipo de trauma, o atraviesan situaciones difíciles, es la denominada resiliencia. La resilencia es la capacidad que permite a una persona, o grupo de personas, proyectar el futuro desde una perspectiva diferente y con positividad. La ‘personalidad resistente’ (o hardiness) es un patrón de comportamiento basado en pautas y en actitudes positivas que nos protegen del impacto que pueden tener determinadas vivencias traumáticas, evitando con ello desarrollar trastornos futuros. Las personas poseemos una gran capacidad para adaptarnos, aprender de la experiencia y seguir hacía delante. Por tanto, podemos elegir hundirnos en nuestra desgracia y no hacer nada, o ser perspicaces y creativos para reestructurar la realidad, es decir, para adoptar el denominado pensamiento lateral[2].

Otra herramienta que resulta de utilidad en mediación consiste en dirigir, instruir y preparar a una persona y/o a un grupo de ellas con el objetivo de conseguir alguna meta o de desarrollar habilidades específicas. Esta técnica, conocida como Coaching, consiste en que el mediador acompaña, contiene, y escucha para ayudar a que las partes diferencien y comparen sus circunstancias, facilitando las condiciones más adecuadas para su desarrollo. En mediación, esto entraría dentro del denominado modelo transformativo[3], que consiste en que las partes adquieran la capacidad para solucionar por sí mismas sus problemas desde la perspectiva ajena, empleando el reconocimiento (o empowerment)  y la empatía[4].

Trabajar la auto-motivación, el autocontrol, y la autoconfianza nos ayudarán en nuestro camino hacia el éxito, y a no perder la perspectiva de que sí podemos y debemos hacerlo. Una parte de nuestra autoestima viene determinada por nuestra capacidad de superación personal. Tenemos que ser perseverantes y trabajar en cambiar el discurso pesimista que en muchos momentos tenemos con nosotros mismos y plantear una meta clara y concreta: “Haré realidad mis sueños”, “Soy bueno en lo que hago”. No es suficiente con proponernos hacer algo, sino que lo hagamos. Por tanto, es fundamental que además del plantearnos realizar nuestros proyectos personales, los ejecutemos y hagamos balance del esfuerzo que hemos realizado para conseguirlos y los logros alcanzados. Todo ello, desde un punto de vista constructivo, pues solo así seremos capaces de aprender para cambiar las cosas que nos disgustan tanto de nosotros mismos como del mundo que nos rodea.

Con todo, hemos de ser conscientes de que el camino que elijamos no siempre será el correcto y, aunque muchas veces nos veremos obligados a superar situaciones difíciles, lo que determinará que podamos avanzar -para bien o para mal- será la actitud que adoptemos a la hora de afrontarlas. Es importante que tratemos de sentir y de actuar como queramos, al margen de los resultados que podamos obtengamos. Elevar o bajar nuestra autoestima depende única y exclusivamente de nosotros mismos, de la forma en que nos vemos y de aceptarnos tal y como somos, pues solamente cuando nos queremos más a nosotros mismos, el mundo también nos quiere más.


[1]  La programación neurolingüística (conocida con las siglas PNL). Más información: (última consulta, 31 de marzo de 2014).

[2] Última consulta, 31 de marzo de 2014.

[3] Joseph P. Folger Ph. D.1, “Mediación Transformativa: Preservación del Potencial propio de la mediación en escenarios de disputas”, CDE 8202 Revista de Derecho, Nº 18 Interior, 2008.

[4] La empatía es un concepto extremadamente amplio, complejo, y multidimensional que carece de una definición conceptual consensuada dentro de la Psicología. Más información: (última consulta, 31 de marzo de 2014).

 

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