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Mediación vecinal: Molestias por inmisiones

Mediación vecinal: Molestias por inmisiones

Las relaciones de vecindad, innatas en nuestra sociedad, nacen de la convivencia entre personas que comparten una serie de bienes y/o elementos comunes que pueden ser de naturaleza material (ascensores, jardines comunitarios, escaleras, fachadas, terrazas, etc.) y/o inmaterial. Estos últimos hacen referencia a ese  espacio común que compartimos con otras personas en el cual susceptible de generar agresiones ambientales o concentración de la contaminación en un lugar y momento concreto conocidas también como inmisiones[1].

A nivel estatal, las inmisiones no se encuentran reguladas en el Código Civil español. Tampoco la Ley 37/2003 del Ruido establece una regulación de las emisiones acústicas producidas por actividades domésticas y/o comportamientos de vecinos cuando la contaminación acústica producida no sobrepase los límites tolerables según lo establecido por las ordenanzas municipales o usos locales, que no son otros que las buenas prácticas o conductas razonables de convivencia entre conciudadanos.

Por el contrario, nuestro ordenamiento jurídico sí que prevé una serie de mecanismos para cesar y/o hacer frente a los posibles daños y perjuicios producidos por este tipo de conductas:

  1. Vía administrativa: Mediante lo establecido por las administraciones locales en sus respectivas ordenanzas.
  2. Procedimiento civil: Acción de responsabilidad extracontractual por daños y perjuicios.
  3. Procedimiento penal: Denuncia o querella penal para reclamar daños y perjuicios por las posibles lesiones que puedan ocasionar ciertas inmisiones[2].

Sin embargo, que las inmisiones sean legítimas o ilegitimas, estén o no reguladas, o vulneren o no ciertos límites suele provocar una degeneración de las relaciones vecinales y una situación personal insoportable a quien o quienes las padecen. Además, el incumplimiento de sanciones administrativas o la espera de una sentencia favorable suponen un serio perjuicio para las personas que sufren las molestias, que pueden seguir padeciéndolas durante años.

A lo anterior habría que añadir aquellas molestias ocasionadas por inmisiones que no infringen una norma o carecen de una regulación. Estas y otras situaciones de difícil solución requieren alternativas que faciliten las buenas relaciones vecinales y la vida en el hogar.

En este sentido, la mediación representa una alternativa ventajosa para la gestión de conflictos derivados generados por inmisiones en el ámbito de las relaciones vecinales por varios motivos:

  • La flexibilidad de su procedimiento facilita la resolución de situaciones desreguladas
  • Favorece la convivencia
  • Ofrece una alternativa más rápida y económica que la vía judicial
  • Permite a las partes alcanzar soluciones basadas en intereses comunes
  • Habilita un espacio privado para que las partes puedan dialogar libremente sobre sus problemas e inquietudes, sin temor al “qué dirán”.
  • Todas las partes implicadas toman conciencia del problema en cuestión

En este sentido, la policía suele intervenir con frecuencia ante las quejas que provocan las inmisiones. Los agentes realizan las comprobaciones pertinentes y, en su caso, recogerán la denuncia correspondiente. Si por el contrario dichas inmisiones no se encuentran reguladas, informan de la incapacidad de la administración para resolver el problema y de la existencia de la vía jurisdiccional, o de la posibilidad de acudir a mediación. Esto último dependerá, en mayor o menor medida, de que los agentes estén informados y formados sobre la mediación, en qué consiste o, en su caso, de la existencia de un servicio local de mediación comunitaria.


[1] Definición de inmisión según la Real Academia Española de la Lengua.

[2] En este sentido, algunas sentencias del Tribunal Constitucional consideran las inmisiones un elemento que vulnera el derecho fundamental de inviolabilidad de domicilio.

 

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